Acaba el año. Otro año.
Y lo dolorosamente bello de la Navidad se desvanece. Ahora mismo, millones de personas, a lo largo y ancho de este mundo, están haciendo su lista de propósitos. Hasta yo la hice una vez; era joven e ingenuo.
A veces necesitamos escribir lo que ya sabemos que deberíamos hacer. Lo que necesitamos jodidamente cambiar, sin maquillaje, sin algún día, sin parches ni placebos. Se hace la herida y se le pone la tirita.
A mí lo que me preocupa de verdad es aquello que no logro acabar, sentir, disfrutar. Me gustaría desinstalar ciertos patrones y, quién sabe, volver a ser ingenuo. Volver a ser joven es ligeramente más complejo.
Quizá el Año Nuevo sí sirva para cambiar aquello que necesitamos cambiar. Si le pudo pasar a Reynolds y a Harry, ¿por qué no puede pasarnos a los demás?
Hasta lueguito, joder.






