Tres actos
Conozco personas acostumbradas a dormir la siesta a las que, si se la quitas, a las siete de la tarde ya no puedes considerar plenamente personas. A mí me ocurre con el café. Lo entiendo, dentro de la maldita cotidianidad, como un salvavidas. El primero me devuelve a la vida. El segundo confirma que sigo…









