El imperio romano de lo personal
Nos puede llegar a gustar tanto algunas cosas que terminamos desarrollando hacia ellas una extraña sensación de posesión. Un perfume. Un autor. Un bar. Una marca de ropa. Un disco. Una película. Un actor secundario. No porque nos pertenezcan, claro. Pero sí han terminado formando parte de nosotros, del mobiliario sentimental de una vida. Y…
