Una peli empezada en La 2.
Un libro de segunda mano.
Una canción sonando en el taxi o tras dos horas oyendo discos en una tienda.
Siempre he creído que es mejor buscar que encontrar.
Hoy todo aparece incluso antes de que lo necesites.
Hoy ya saben qué quieres escuchar. Lo que quieres ver. Lo que quieres comprar. Lo que te va a gustar. A veces, uno diría que lo saben antes incluso de que termines de escribir lo que estás buscando.
Nunca habíamos tenido tantas recomendaciones. Ni tanta gente empeñada en ahorrarnos la búsqueda. Por eso, nada sorprende o nos dura tan poco. Es el No es por ti, es por mí de nuestra época, solo que cada cinco minutos.
Dijimos adiós al videoclub antes de tiempo. A la idea de descubrir a Mitchell, Highsmith o Bassani por simple curiosidad al entrar en una librería y salir con algo cuya existencia desconocías una hora antes.
La diferencia entre encontrar algo y que te lo sirvan en bandeja termina formando parte de tu biografía.
Sospecho que las mejores cosas que me han pasado nunca fueron recomendadas de esta manera.
Ni los libros.
Ni las personas.
Ni las ciudades.
Llegaron como llegan las cosas realmente importantes.
Por accidente.
Hasta lueguito, joder.






